Saturday, September 30, 2006

Anguisetas de familia (un descanso de mi cuento)

En un sabado otoñal como este, repleto de luz y viento, el sendero que conduce por el parque Kolops'am, orillando el Gorge Waterway hacia el puente Craigflower se hace luminoso con sus arces y encinas de hojas amarillas. El waterway, un dedo de agua salada introducida en el sur de Isla de Vancouver se convierte en una cinta dorada con la luz tenue del atardecer del equinoccio. Es chocante la belleza de mi barrio, a pesar de que es sola una entre muchas escenas impresionistas que caracterizan la ciudad de Victoria y apesar de que es la escena de una tragedia incomprensible que sucedio en ese sitio hace casi 10 años.

Muchos colombiobritanicos y aun canadienses de otras provincias saben del puente Craigflower, un puente estrecho de metal verde que conecta el comun de Saanich con el de View Royal, lo conocen no porque es uno de las partes refinadas de Victoria que atraen legiones de turistas que desembarcan cada verano, sino porque fue la escena de un crimen, tragico porque la victima era una adolescente, y chocante porque los asesinos tambien eran adolescentes. En 1997 un grupo de sus companeros de colegio rodearon a Reena Virk una muchacha de catorce años mientras volvia hacia su casa por la tarde. Empezaron a acosarla y amenazarla con ofensas y luego golpearla. Reena logro escaparse de sus tormentadores y se dirigia hacia el puente. Ellos la siguieron, la arrastraron por el waterway y la ahogaron. La investigacion hallo varios responsables, dos claves, Kelly Ellard que enfrento juicio tres veces y finalmente hallada culpable en 2004 (problemas con el juicio incluyeron la dificultad en establecer exactamente cuan grande fue su papel en el asesinato, la investigacion hallo al final que Ellard fue la que empujo a Reena en el canal y la sumergio la cabeza bajo el agua hasta que murio) y su pololo. Yo tuve 19 años cuando sucedio eso, y me quedaba conmovida por la historia, tal como senti cuando me entere del masacre de Columbine de 1999. Y0 habia sido una de esas muchachas acosadas constantemente por mis compañeros/as, y la naturaleza de la crueldad masiva nunca ha dejado de ser una obsesion para mi. Asi que encuentro tan interesante que el destino me ha llevado a vivir en el mismo barrio, unos pasos del parque Kolops'am y el puente Craigflower. Encontre mi apartamento por buena suerte, contestando una publicidad el primer dia que salio en el periodico universitario y impresionando a la dueña de la casa que le gusto mucho el castellano y lo encontro fascinante que ese seria mi tema de estudio. Sabia nada de los barrios al noroeste de la ciudad.

Cuando fui a Kamloops en agosto mi hermana me presto una novela de fantasia, la primera parte de una triologia escrita por Jacqueline Carey que termine leyendo por entero bien fascinada. La trilogia, "Kushiel's Legacy" es una mezcla de fantasia e historia, el mundo del libro tiene las marcas geograficas y algunas culturales de la Europa del renacimiento, pero con unas invenciones bastante novedosas. En el reino de Terre d'Ange (Francia,) nace una hija de prostituta, escogida por un dios particular cuyo oficio es el castigo divino mezclado con la compasion. Esa niña es una "anguisette" una mujer que encuentra el placer mas sublime en el dolor fisico, una masoquista de toque divino. Su destino la dirige a enfrentar, a gusto, los rincones mas oscuros del deseo y el alma humana. Al principio lei sobre ella con una mezcla de escepticismo y choque, puesto que era una serie que a ratos tiembla a borde de lo pornografico. Poco a poco, sin embargo, empezaba a ver en la trama algo mas profundo. A traves de las tres novelas la protagonista Phedre no Delaunay, agarra fuerza poniendo pecho a las cosas mas horrorosas, dentro de su naturaleza y afuera en el mundo. Se somete a sus circunstancias y atraves de su sumision encuentra siempre la clave hacia su salida.

Esta no es cosa tan rara ni tan negativa como uno piensa. Las mujeres de mi estirpe tienen la tendencia a enfrentar hasta obsesionarse con los laberintos del dolor. Cuando mi madre pario muerto su tercer hijo se lanzo en el mundo de la muerte. Trabajaba voluntariamente en hospicios paliativos, aconsejaba a madres de perdidos. Estudiaba a profundo las teorias psico-espirituales de Elisabeth Kubler Ross sobre el proceso de luto. Puede describir con una objectividad clinica la apariencia de los cadaveres despues de muertes diversas. Hace un par de años se suicido un amigo de su pareja y ella andaba recogiendo detalles sobre el incidente que me compartia por telefono, que el tipo se hallo en el piso del garaje y no en el auto, señalando que habia cambiado de idea, que su piel se habia puesto roja, efecto de asfixiacion, vale decir ademas que su signo astrologico es escorpion, y ademas su carta astrologica muestra por lo menos cuatro planetas mas en ese signo tambien. Yo, al otro lado, tengo una obsesion con la crueldad intencional masivo. No hablo de asesinos o psicopatas que matan por pasion singular, sino a la manera en que gente ordinaria se puede hacer torturador dadas las circunstancias adecuadas. Yo no me acuerdo de la conversacion que me enseño del origen de guaguas o el sexo, pero si me acuerdo con lujo de detalles la primera vez que supe de Hitler y sus intenciones genocidas. De adulta estudio ofensivamente detalles sobre las dictaduras latinoamericanas de las 70's y 80's. Se que en Argentina los milicos paralizaban el transito y sacaba gente de sus autos ahi mismo en plena calle para desaparecerles, mientras en Chile contrataron doctores de bajo nivel e estudiantes medicos para advertir a los torturadores cuando ya el prisionero estuviera por morirse. Se que en El Salvador los milicos no solo mataron a pueblos enteros sino tambien burlaron de ellos, que pusieron la mesa de una casa donde habian matado a una familia entera, colocaron los cadaveres en las sillas y sus cabezas en los platos. Se tambien que no todos de esos eran sadistas de naturaleza. Los milicos solian ser adolescentes o jovenes de 20 años, de familias pobres o de clase media. Lo que me sorprendo es que despues de tirar cuerpos degollados en el mar iban a cenar con sus madres, besando y jugando con sus hijos que hasta comulgaban en la iglesia catolica, recibiendo el cuerpo de cristo, simbolo de el amor eterno y la hermandad, como si existiera ninguna desporporcion entre esas actividades. Cosa que explora Margaret Atwood en su poema "Marrying the Hangman" (Casada al ahorcador).

Donde esta la frontera, la linea de "no volver". Algunos psicologos de los 70's hicieron estudios alarmantes sobre el efecto de grupos masivos y el desplazamiento de responsabilidad con resultados interesantes. En uno un grupo de estudiantes voluntarios se dividio en dos, uno se nombro "guardias" y el otro "prisioneros." Les llevaron a una carcel abandonado, encerraron a los "prisioneros" y dieron la llave a los "guardias." El experimiento debia haber durado una semana pero al final de tres dias tuvieron que abandonarlo, puesto que las guardias empezaron a abusar desmedidamente a los prisioneros, y los prisioneros se estaban traumatizando. En otro un voluntario se exigia administrar choques electricos a un desconocido escondido cada vez que contestaba mal una pregunta. El dirigiente del experimiento exhortaba al voluntario a incrementar el nivel del choque con cada respuesta mala, diciendo que enfrentaria a toda responsabilidad. El desconocido, un actor, gritaba cada vez mas fuerte que recibio un "choque" sin embargo 90 porciento de los voluntarios seguian incrementando los choques hasta niveles fatales. Un torturador es producto de ambiente? pero tambien es parte de ese mismo ambiente que le forma. Es como un avalanche, donde cada copo dice "pues no se que paso, yo no hice nada." Y sobre todo a quien declarar responsable?

Yo no diria que encuentre placer en esas preguntas, pero lo que encuentro es un impetu, algo en mi rasca las cenizas historicas, se submerge buscando su clave, el boton que al presionarlo sacaria toda la crueldad de la tierra, o por lo menos arrinconarla en algun significado divino. Este es el trabajo de anguisetas.

Sunday, September 24, 2006

Anacala

Fue Anacala la primera en separarse del grupo durante el segundo invierno de su llegada. Como todo resistente era de naturaleza inquieta, habiendo sido entrenada desde niña para ser en las primeras filas de riesgo. De hecho, antes de la guerra cuando todavía existía las misiónes de cambio entre la Mátera, El Planeta Cobrizo y La Lámpara de Azucar, el planeta más visible desde la Mátera, los resistentes solían ocupar parte del equipo de exploración con los interpretes que perfeccionaron el arte de diplomacia los astrocartógrafas que tenían mapas estelares escritos sobre sus cerebros, y movedores que cuidaron las naves. Durante las primeras semanas en el nuevo planeta Anacala, junto con el joven interprete Nitiche exploraron los pueblos alrededores del bosque de Dunsimuir, Escocia, donde habían aterrizado duramente, matando cuatro de los doce exiliados incluso el único curandero. Fueron ellos los que encontraron la granja del Viejo Martin, atraidos por los pasos de los caballos e por ende iniciaron la entrada del grupo de exiliados en la sociedad humana.

Durante el primer año Anacala y Nenisha eran las únicas que salían. Los otros sufrían de las gripas constantes que les infectaron gracias a la infamiliaridad de sus organismos con la bacteria terrestre. Aunque tuvieron la suerte de llegar después del epidémico de tuberculosis que llevó tres de los cuatro hijos del Viejo Martín y después su esposa Elizabeth, en el ambiente nuevo y en el invierno húmedo escocés se contagiaron rápido en círculos interminables: uno ya repuesto recontagiándose con uno todavía agripado. Nenisha siendo niña repuso increíblemente rápido en comparación con los demás. El primer enero, durante la época más oscura y fría del invierno, dos miembros del grupo, un temporalista de 40 años llamada Firöe, y una geocartógrafa, Kivla se contagiaron con la pulmonía y murieron bajo el techo del anciano domador de caballos que recibía a esa banda extraña con la franca hospitalidad de esa gente brusca y acogedora. El Viejo Martín vivía sólo, su único hijo viviente había viajado para América. Con Ceti se hicieron rápidamente amigos y aceptaba a su "familia" como el suyo propio. Enseñó a Nenisha y a Anacala a montar y cuidar caballos, cosa que a Anacala le gustó muchísimo. El Viejo Martin brindaba mucho cariño a estas niñas de buena constitución física aunque ni Anacala ni Nenisha entendían una palabra de inglés y él no entendía los lenguajes raros que hablaban, los que Ceti llamaba "escandinavo."

Anacala y Nenisha juntas se exploraron los bosques, y luego los pueblos alrededores: Lauder, Millberry y Gulliver. Comían los panes dulces, las galletas de harina y mantequilla, los caldos de pescado y papa, y las frutillas y frambuesas rojas que vendían en los mercados poblanos. Una día, durante Lughnasadh, la fiesta equinoccial de Septiembre, un muchacho deslumbrado por el pelo liso negriazul de Anacala le regaló una botella de vino de cassis de la cosecha reciente que compartían las dos niñas al lado del río inocentemente pensado que era jugo. Volvieron de noche tambaleándose y muertas de risa provocando la curiosidad de Ceti y la ira de Nitiche cuyo reclamo disolvió en un huracan de toses. El día siguiente amanecieron las dos vomitando y con nauseas. La caña era una de las pocas cosas que Anacala no resistía.

Esos formarán recuerdos alegres para Nenisha que llenarán sus diarios muchos años después en España, Anacala ya muerta. En el invierno del segundo año, algo empezaba a cambiar. Anacala salía al amanecer y no volvía hasta la hora del almuerzo. Nenisha notaba un cambio en ella inmediatamente, dejaba cerrada su mente a los demás incluso a ella, y cuando Nenisha le preguntaba de sus desapariciones, daba la misma respuesta "Estudiando el planeta." Una madrugada de Enero, Nenisha despertó de una pesadilla gritando en voz alta. Anacala apareció a su lado ya vestida en ropa de montar, una saya de pellejo de conejo le cubría el cuerpo desde el cuello hasta las botas.
Shhh...por favor no grites, vas a despertar a Ceti...otra pesadilla?
La misma...estuve en la cueva otra vez, mi papá me estaba buscando, estaba todo oscuro.
Anacala acariciaba la frente de la niña esta bien, tranquilízate hermanita, duerme.
¿Sueñas a veces con los campamentos?

A veces, pero sabes que soy una resistente, aun psicológicamente ninguna herida me dura mucho tiempo. Anacala abrazó a la niña
Aquí te paso un poco de mi resistencia en contra de los sueños malos ok?
Sha nia
, Los dedos de Nenisha rocía la saya de pelo animal mientras resonaba en su mente la frase lisoática "hermana grande"
donde te vas?
A explorar no más
Te acompaño
No, quédate acá Nenshi tai nia, mira yo puedo manejarme bien, pero una movedora y además una niña corre suerte allá en los escarpados, hay animales salvajes.
"Hago volar los animales si me amenazan" dijo en voz alta "tu no. Solo esperas que te aburran de comer" Una pelea constante entre ellas, quién corría el más riesgo. En el cuarto de al lado se rompió y se recompuso el flujo de ronquidos de Ceti y Calira, la astrocartóloga que finjaba ser su esposa,. Nitiche con su verdadero hermano gemelo Paiche y el Viejo Martin compartia el tercer cuarto.

En lisoática, el lenguaje de dulces afectividades susurró "Te extraño Sha nia, ya no vagabundeamos con antes, últimamente te has puesto como imazi, fantasma"
Anacala suavizó, viendo que no podia disuadir la niña que había adquirido una porción de su testarudez.
Te voy a traer, pero lo que ves, debes guardar en tu mente secreta. No le reveles a nadie, especialmente a Ceti y a Nitiche. Le halló una saya similar que le protegería de los vientos invernales. Nenisha puso un par de botas y pantaletas de lana y amarró el pelo bajo una capucha.


El aire estaba helado a esta hora. La luna llena se pausó sobre el horizonte, el sol ni una sugerencia todavía. Sigilosamente Anacala guiaba su caballo por el sendero silencioso que conducía al río, con Nenisha siguiendo. A la mitad del camino, cuando ya la casa estaba fuera de visto, Anacala paró su caballo y hizo a Nenisha parar. Ahí por fin abrió una parte de su mente secreta. Nenisha abrieron grandes los ojos
¿Estás aprendiendo el lenguaje de los terrestres? ¡ Esto es prohibido!, ¡tu conoces las leyes de los oficios!
Sí, conoci alguien que me lo ha dedicado a enseñar. Mira Nenshi, en la Mátera hablábamos dieciséis idiomas. ¿Por qué será que no puedo aprender el idioma de esa gente, vamos a estar acá indefinitivamente, ya no podemos seguir con las mismas reglas de allá, dependiéndonos de gente como Ceti y este troglodita Nitiche, sabrás que el otro día el tipo ese se atrevió a hablarme en Salicia?
Oyendo el nombre del lenguaje erótico Nenisha se explotó con risa

Y que dijo...
Estupideces, este huevón debe aprender a citar correctamente de Las Alegrías de la Noche si me va a venir sugiriendo las prácticas. Mira Nenshi, tenemos que hacer todo lo necesario acá para sobrevivir. La nave está en pedazos, el cristal esta no se sabe dónde...La Mátera...pues...ya no. El Viejo Martín administró medicinas a Firöe y Kivla cuando estaban ahogándose en sus propios cuerpos. En la Mátera este no se permitiría porque es oficio de curanderos, y él es "animalista": intérprete de bajo nivel. Para ellos es mejor dejar que nuestra gente muera que pisar el territorio de un oficio no "natural."


Había otra cosa que Anacala no decía, Nenisha percibía algo más en su mente secreta que dejó escondido. Se dio cuenta rápidamente cuando alcanzaron el río donde le esperaba Stephen Douglas, el flemático hijo menor del vecino del Viejo Martin. Este no tenía la capacidad de esconder sus pensamientos y Nenisha vio y sintió claramente el nerviosismo de la anticipación que le brindó color a las mejillas cuando se acercó la Anacala. Un beso de saludo en la mejilla le surgió otra memoria de otro beso más profundo que los dos compartieron en sus madrugadas secretas en la orilla del río.

Saturday, September 23, 2006

Katia Parte 3. Devuelvo


Volvia en el bus de su trabajo en una de las panaderías italianas del centro donde vendía y preparaba crustadas ricas de frambuesa, galletas de almendra, y tazas perfumadas de espresso. Una lluvia primaveral dejó salpicadas las ventanas convirtiendo las lámparas de la calle en galaxias circulares amarillentas. Mientras observaba la ciudad crepuscular pensaba en los diarios, intocados desde que los trajo el fin de marzo, ya era mayo y ninguna excusa restaba. Sabía que le enfrentaba el cargo de una historia que ha querido saber desde hace años. Cataratas de nerviosismo derramaba sobre su cerebro. ¿Que dirán esos diarios sobre su extrañeza y las de su estirpe? Desde niña, sus diferencias le incomodaban en círculos sociales y le hizo hasta dudar de su bondad. A los trece años, lentamente empezaba a darse cuenta que era una endemoniada designada a las últimas y más cálidas brasas del infierno. No ayudaba mucho que Janet, su mejor amiga, y una de las pocas menonitas que había conocido le confesaba que el demonio le atormentaba en las noches, llenando su mente con imágenes que serpientes que le cubría de pies a cabeza y le entraba por la entrepierna, dándole una terrible ganas de rozar las puntas secretas de su cuerpo con los dedos, hasta con las velas delgadas que mantenía en su escritorio para la oración. Cuánto peor para la niña que cerraba ventanas sin tocarlas y podría ver los sueños secretos de sus maestros. Katia nunca confesó a Janet quien era, ni su madre la sabía, sólo Petra, parte filosofa y parte pragmatista conscribía las capacidades de su hermana mayor para escapar o causar travesuras.

Cuando el bus pasó por Kitsilano, un barrio popular para los universitarios tres kilómetros del campus, Katia decidió bajarse aunque le quedaba un poco todavía. Quiso cenar, distraerse del deber que le enfrentaba y sobre todo, romper la soledad que le apretaba constantemente. Para ese entonces la lluvia se había detenido puesto que fue un chubasco breve que solo logró correr los mendigos de la calle y empapar los turistas que no entienden el mecanismo de las lluvias Vanerinas. Katia olió el mar en el aire, alzando los brazos y estirándose dejándose ser atravesada por la frescura de la calle lavada. Cuando alcanzó la esquina de Sudbury y Quadra un grito le paró como una pared invisible. Una mujer alrededor de 30 años con una chaqueta de cuero blanco discutía con un hombre amasiso, de pelo negro como petróleo y una barba de varios días. Tenía las mejillas bien rosadas, probablemente por el trago, la furia, la lluvia o una combinación. Agarraba el brazo derecho de la mujer sacudiéndola con fuerza. Katia se acercó a la escena desarrollándose en plena calle como cosa de película. La oía decir "no, no es cierto" y él "Te vi puta! Te vi, tú crees que te voy a permitir que me engañes?" La empujó contra la pared mojada de un restorán japonés y le dio un golpe directo en la nariz con el codo. La mujer se desmoronó, tapándose la cara que empezaba a sangrar con las dos manos y llorando histéricamente." Katia vio de reojo alguien que sacaba un teléfono celular, pero nadie se atrevió a intervenir. Habían varias personas en la calle, eran las 7 de la tarde, de dia viernes, sin embargo la mayoría de los transeúntes sólo bajó la cabeza, ignorando todo. El hombre, picado aún por los gritos de auxilio de su mujer, empezaba a patearla en el estomago. Katia, se recobró rápidamente la conciencia. Se asomó.

Lo que ocurrió en ese momento, visto casualmente hubiera parecido cosa de circo. El hombre empezaba a piruetear, brazos extendidos como molino. Dio dos vueltas y se metió con la espalda contra la pared, pegado como una mosca en una telaraña. La rabia de su cara y la borrachera se convirtió en una expresión casi cómica de confusión y asombro y volvió a la rabia otra vez cuando se dio cuenta que no se podia mover. La mujer que ya se había levantado le acercó cautelosamente. Empezaba a jalarle el brazo, "mi amor, estás completamente pegado" El soltó unas blasfemias en su dirección. Katia se acercó a los dos. "Señorita, por favor, mi marido está atrapado, ayúdame" Katia dirigió sus ojos negros hacia la mujer, incredulidad atravesando la calma rara que la llenaba normalmente cuando invocaba esa fuerza. Katia le soltó. El hombre se despegó, cayendo de bruces sobre el pavimento y soltando otro baraje de chuchadas. Mirando entre los dos en el espacio de minutos Katia absorbía su historia completa, fue una cosa que casi le daba nauseas, casados tres años, dieciséis veces él le había dejado hospitalizada, una vez inconsciente, la guagua que gestionaba muerta en chorros de sangre gracias a un par de patadas al estomago, similar a las que atestiguaba. El hombre se levantó ayudado por su señora que le flotaba por el brazo como una mariposa rota, Katia le tocó el hombro como para ayudarle, aunque eso fue lo que no hizo.

Ha habido pocas veces que hacía lo que hizo en este momento, porque fue algo que solía marcar profundamente la psique del recipiente. La primera vez fue a un compañero de clases que se atrevió a insultarle el padre. La muchacha le gustaba ser la dominante y un día Katia le había adelantado en dar una respuesta a la maestra. Su reacción fue un ataque en masa con cuatro otras niñas, rodeándola y insultándola. Ella simplemente le acercó, le agarró el brazo y dentro de pocos minutos la niña sintió todo el peso del duelo de la familia de Katia caerle encima. La segunda vez, cuando era un adolescente, fue una situación similar aunque le pasó con Janet. En aquel caso, el perpetrador principal fue un ex amigo que le pretendía y por razones religiosas fue rechazado. Janet era timidísma, de carácter nervioso, pero simpática con medio mundo y hasta ese momento le había caído bien a todos. Después de tres meses de cartas amenazadoras anónimas, insultas pintadas en su casillero, dibujos burlones de ella con cara de chancho apareciendo en varios lugares, los ataques culminaron en un enfrentamiento. Katia y Janet regresaban tarde de una sesión de práctica para la clase de música. Ya tocaban las 7:30 y las dos muchachas caminaban hacia sus casas en la calle Miranda, una caminata que requería cruzar un campo de malezas. Fue allí donde tres muchachos, incluso Carter, el amigo en cuestión las enfrentaron, comenzando con simplemente burlarlas y luego amenazándolas con violación. Katia agarró la mano de su amiga, más por instinto que intención o bravura y se acercó a Carter. Se metió directamente en la cara del muchacho, se levantó la mano y le agarró el hombro. Carter empezaba a torcerse, ojos desorbitados y lagrimosos, reaccionando como golpeado. Janet al otro lado se tranquilizaba, sintiéndose de repente vacía y sobre todo calmada. En una voz que surgió de no sabía dónde Katia le susurró "te devuelvo todo lo que has sentido digno de echar" y le soltó. Esta vez, el borracho no simplemente torció espasmódicamente, sino que gritó y reaccionó doblándose. Lo que sintió fue lo que había sentido su esposa, todo, golpe tras golpe. La mente humana siendo tan potente, a pesar de que Katia no le tocara nada sino el brazo, y eso casi en forma cariñosa, empezaron a florecer sobre su piel manchas moradas mientras sangraba la nariz y le abrieron llagas en los labios y en la cara. Su mujer de la chaqueta blanca se ablandó con un súbito cansancio. La escena ya había empezado a atraer más atención, y una pequeña muchedumbre empezaba formarse. Katia le soltó al hombre, y guiaba la mujer casi embobada con sueño hacia una mesa en el patio del restorán japonés. El hombre estaba postrado en la calle, pero consciente y respirando profundamente con los dolores de los golpes. Katia volvió a su lado, le hizo como si estuviera chequeando su latido pero cuando acercó la cabeza a su oído susurró "te he devuelto todo lo que has echado mi amigo, de ahora en adelante, el momento que sientes surgir la violencia hacia tu mujer sentirás de nuevo todos estos mismos golpes"

Abiendo la puerta de su casa, prendió una lámpara y entró el baño donde escudriñaba su propia cara. Todavía tenía puesta la bata azul que llevaba al trabajo mientras amasaba los panes, transmitiendo el calor de sus manos hacia los cuerpos redondos de masa. Una mancha de harina hizo un rayo blanco en su frente, directamente sobre su ceja derecha. Sus ojos habían recobrado el color plateado/celeste que heredó del lado paterno y no el negro impasible de la fuerza preternatural que circulaba en su sangre y cerebro. Katia siempre odiaba su apariencia: el cabello color de arena mojada que solía levantarse en una chasca imposible con cualquier sopla de viento, su cara redonda y pecosa, sus ojos demasiado profundos. En estos momentos cuando ha caído otra vez en la trampa de sacar la plenitud de su fuerza, eso fue cuando de veras no aguantaba verse a sí misma, La satisfacción que brillaba en sus ojos le asustaba. Buscó intensamente los rastros de su padre y su abuela en su rostro pensando que, como maga los podría invocar y revivir con sólo los fragmentos que dejaron en el cuerpo de ella. Apagó la luz del baño, quitando la bata y colgándola de la puerta. Se sentó en su escritorio, sacó el primero de los diarios escritos en inglés y empezaba a leer.
Anacala acaba de dar a la luz...

Katia Parte 2, Petra.


"Vas a creer? Mamá quiere que yo compre mi propio vestido para la gala de graduación"
Petra saca una naranja de la refrigeradora de su hermana, taladrándola con una uña recién pintada.
"Utiliza eso mujer," Katia le pasó una cucharada "Vas a arruinar estas uñas que me costaron 45 dólares. Y eso por qué?
"No le gusta el que escogí. Mira, hace una semana fuimos a esa nueva tienda de bodas..." "Bodas?" Katia levantó una ceja curiosamente, abandonado su lectura de filosofía cuyo examen final acercaba.
"Yo sé que estás pensando telépata, y no es asi, ése fue la única tienda abierta que tenía vestidos formales, bueno hallé uno perfectísimo, en oferta! Esta cortado bajo en la espalda, y es un color fantástico, algo púrpura, pero más oscuro"
"Como berengena"
"Exacto, en mi se veía regia....re-gi..a, como una de las señoritas espías de James Bond.
"Y?"
"y el corte del cuello es un poco largo"
"Cúan largo?"
"Hasta el ombligo"
"Ah"
"Mamá dice que es "barato", y no en sentido bueno"
"veo"
"dice: ‘no voy a permitir que te hagas putita, oiste?’"
Petra caminó hasta la cama, una camilla estrecha que ocupaba la pared opuesta del escritorio, y se colapsó, no con poco drama. Partió la naranja desnuda y metió un pétalo en la boca, chupándolo.
"Dicen que tus padres deben celebrar tu graduación, es donde una niña se convierte en mujer. Es un rito de madurez, una ceremonia importantísima como la primera comunión, una boda o un bar-mitzvah y mamá quiere hacerse tacaña sólo porque no me quiero lustrar como muñequita de porcelana."

Katia inclina sobre su texto filosófico haciendo apuntes en su cuaderno. Era el medio de abril y su hermana había venido a Vanier a visitarla para el fin de semana para sacudir "el polvo provinciano," y buscar aventuras en la ciudad porteña que orillaba un pacifico gris y poco romántico. Vanier era una ciudad de aspectos igualmente tristes y sublimes. Estaba rodeada de las magníficas Montañas Costeras, orillada por el mar y cortada en varios pedazos por tres estuarios y un río. Toda esa agua, sin embargo, en invierno se convertía en una llovizna ubiquita y constante que helaba hasta huesos y mojaba cada trozo de ropa. Agregada a eso el nublado perpetuo del ambiente nortepacifico mantenía los Vanerinos en permanente estado de melancolía. La ciudad con sus rascacielos de vidrio desde lejos, tenia cierta calidad cristalina, pero eso se convirtió en el gris férreo y prepotente que dominaba cada vista y continuaba hasta el cielo. Para Petra, sin embargo, Vanier fue el sede de mil posibilidades exitantes. Colona era una ciudad pequeña de 80,000, cuya fuente principal de actividad fue el mercado de la calle Colombia, y por supuesto, la playa pequeña al borde del río verde en el sitio donde unía con el río azul. Para Katia ir a la universidad en Vanier y no la Escuela Superior de Colona fue un compromiso personal, la manera en que podría estar cerca de su familia, y al mismo tiempo suficientemente lejos.

"Mamá dice que no le estás hablando" Katia tira cuaderno y lapicero sobre su escritorio.
"De veras?"
"Si,... hay alguna razón?
"No es que no le estoy hablando, estoy ocupada, tengo mi primer examen en dos días y pasé la semana santa en Colona ayudándole con la mudanza...dice que no le estoy hablando?"
"Dice que saliste volando de Colona como si fuera...bueno Colona,"
Petra puntualizó sus palabras con una chupa de la naranja.
"Ah por supuesto!" explotó "ves que el caso de Katia Escobar, paciente #201-B es clásico, rebelde adolescente, bipolar, compulsiva, neurótica. No es que la buena doctora hubiera hecho algo para enojarme, son mis problemas emocionales, las hormonas, el complejo de Eléctra."
"ay ay, tranquila hermanita, no te alteres conmigo, solo te estoy contando lo que a me dijo"

Katia respiró profundamente, inclinando en la silla "recibí un paquete de la madre de mi padre el día de mi quinceañera que ella guardó secreto. Si no lo hubiera topado ayudándole empaquetar sus vestidos, lo habría botado con la basura probablemente. No me contó nada, ni cuando mi abuela murió. Ella sabía todo. Tuve una abuela, me escribió para hacer las paces antes de morir, y sólo leí la carta hace dos semanas."
Petra no respondió, pero se levantó, sentándose sobre la orilla de la cama y absorbiendo con gula el chisme. "Que dice la carta?"
"Está sobre la mesa"
Petra se levanta y cruce la sala hacia la cocina, que realmente formaba parte del espacio unido. El departamento era una celda de una sola sala menos el baño, pequeñísimo aunque mejor que las residencias estudiantiles. Katia tenía por lo menos una cocina y una mesa, aunque esto luchaba con la cama y el escritorio para cada trozo de espacio. La alfombra morada tenía olor a humo viejo, y manchas de uso, y las paredes eran brillantemente blancas con la frialdad de piedra pintada. Cartas de cumpleaños y algunos dibujos hechos a mano por Katia proveyeron toques de vida humana. Las cortinas daban además un soplo de color, un azul lapislazuli del amanecer vernal, aunque eran demasiado largas, la ventana era de tamaño de una televisión.

"Qué quiere decir con ‘espero que Ud. no siga el ejemplo de su padre’"
"Mamá dice que la familia de ellos tenía la tradición de engendrar un solo hijo, Jacinto debe haber sido el único de mi papá, pero mi mamá quería otro. Después de que nací yo se cortó la comunicación con nosotros. Sólo la vi una vez después de la muerte de ellos"
"Ah si, me acuerdo algo sobre eso que dijo tío Felipe, pues por lo menos sabes algo de tu padre, del mío sé ni pico."
"Yo sé quién es, es Jean Reno."
"No es Jean Reno," Petra le lanzó una almohada que Katia evitó girando la silla.
"Sí es cierto, cuando Mamá hacia su doctorado en Los Ángeles, era la psicóloga de las estrellas, y se enamoró con sus profundos ojos franceses "
"No creo, siempre dices eso. Esta es cosa que no podrías saber, dado que, como dices, mamá tiene una mente como un laberinto."
Katia se puso seria "Muchas veces, cuando menciona algo sobre mi infancia intento ver mi papá en su memoria, pero la cosa es que, no es que lo haya olvidado, pero no le recuerda, lo ha enterrado. La mente de mamá es como una casa de espejos, todo es doblado y retorcido, cada pensamiento es editado y reflejado. Ni es una cuestión de que no tenga emociones. Las tiene, pero tan son tan envueltas en análisis que no sacuden ni un trozo de su estado verdadero. Me pregunto si fue así con mi papá también, si le puede haber engañado sin que él lo supiera"
"No creo eso, mira la tragedia como la pérdida de un hijo tiene dos posibles vías de efecto, una es que hace que la persona aprecie más la vida, y se vuelve más sabia, otra es que la persona se selle completamente, su afectividad queda completamente enarenada. Mamá es el caso clásico del médico que cura a todo mundo menos a sí misma."
Katia se quedó callada, reflexionando y Petra continuó
"Además, dicen que los videntes, ven los destinos de los demás pero no ellos mismos, yo creo que este es la cosa tuya, tal como no puedes usar tu fuerza mental para volar, aunque puedes hacer que un auto se levante en plena calle. Siempre hay una debildad, algún lugar donde nos fracasamos, es lo que nos hace humano. Yo por ejemplo, admito, que no puedo tocar la guitarra" "Nunca aprendiste a tocar la guitarra, nunca te ha interesado!"
"Exacto, ves lo que dije"
Katia le lanzó misma almohada. Petra recibio el golpe doblada de risa.

Friday, September 22, 2006

La raiz de Nenisha


Katia: Parte 1. El paquete de Estela

Nota de la autora: Para no cegar ni agotar mis lectores con un post chucha de largo, decidi dividir la seccion dedicada a Katia en tres partes separadas y al mismo tiempo incrementar el tamano de la fuente.


Hay que leer todo en orden cronológica explicaba la carta sucinta y tersa que acompañaba el paquete cuyos contenidos cubrían el escritorio del apartamento monástico de Katia: primera las telas, después los diarios, porque Nenisha aprendió tejer antes de escribir. Katia examinaba cada objeto, tocándolo con la punta de los dedos en forma casi reverente. Una lata grande de marca Avena Quaker contenía las telas, envueltas cuidadosamente en papel de estaño. Los diarios eran viejos, con el mismo olor a polvo y humedad que suelen adquirir los libros guardados por años en sótanos, azoteas y bibliotecas personales. El papel de las páginas era tan delicado como hojas otoñales. Katia abrió uno al azar y vio una serie de símbolos raros, en algunas páginas se veían rayos y puntos, alineados perfectamente sugiriendo una orden y por ende, un significado. Otras páginas tenían agrupaciones de círculos y espirales. Abriendo un segundo libro vio que estaba escrito en inglés, un manuscrito delicado y femenino. De los ocho libros, dos tenían ese lenguaje de figuras raras. Katia también examinaba las telas, una serie de imágenes ya desteñidas con el transcurso de los años. El primero mostraba un paisaje hermoso, pero el tiempo parece que había cambiado el colorido puesto que el cielo era de tinte rosado, y las montañas púrpuras y anaranjadas, una tela con imagen de estrellas blancas y verdes también la llamaba la atención, luego las telas tenían imágenes de niños, de hombres y mujeres. La última contenía solo amapolas.

La carta, y el paquete vinieron de su abuela paterna el día de su quinceañera. Katia aprendió de su existencia mientras visitaba a su madre durante la semana santa en Colona, el pueblo del interior donde nació y donde vivía hasta hace un año cuando migró a la ciudad para comenzar sus estudios superiores. Katia estaba ayudando a su madre mudarse de la casa que compartían las dos y Petra, su media hermana menor, cuando encontró la caja que contenía fragmentos de su hemisferio desconocido y que había pasado los últimos ocho años tras la cortina de vestidos refinados que Tisbea apenas lustraba. Sacó la caja sellada, mirando detenidamente a su propio nombre deletreado en un manuscrito chico y apretado.

"Y cuando ibas a darme esto?" preguntó Katia a su madre cuando esa entró el cuarto vacío con más bolsas de plástico para los ganchos.
"Ah esa cosa. Intentando a cargarte con sus mismísimas tonterías. Hija, mi suegrita nunca sintió conforme con la mujer que se casó con su hijo, y cuando murió no quiso tener nada que ver conmigo ni contigo, este hizo clarísimo." Tisbea respondió con voz atónica y metal, la que siempre utilizaba para sellar sus propias emociones.
"Pero ese paquete fue mío mamá,"
"Yo tuve mis razones, eras demasiado niña para ser expuesta a sus locuras de vieja. Tu no la conocías como yo, yo vi el escándalo que armaba cuando naciste, porque en su familia cada persona tradicionalmente tenía un solo hijo, y tu eras la segunda. Aún cuando tu hermano y tu padre murieron en el accidente no quiso reconocerte."

De hecho, la presencia de Estela Escobar en la vida de Katia se debía a una memoria singular: de una mujer severa y delgada, de aspecto casi vasco si no fuera por sus ojos de color de ventisquero. Estela, su moño negro tapado por una bufanda plateada, la escudriñaba largo rato mientras la niña de seis años se sentaba, sola en un rincón de la sala alfombrada y pesada con la presencia de la muerte, mirando sus zapatos pulidos como espejos y buscando en vano oír los pensamientos que su padre que le había acompañado desde los comienzos de su memoria. Katia oía los pensamientos de todos, fue ya a esa edad un zumbido constante que su padre le había enseñado a ignorar, bloquear o amplificar. Es mejor que no los oigas tanto hija, te pueden dar pesadillas, la gente suele ser más oscura adentro, que afuera. Concéntrate en los míos, porque no es posible que yo piense en ti sin amor. La voz de Estela en su mente le sorprendió, partiendo los pensamientos de la niña como un soplo. Katia se acercó cabizbajo y Estela en un gesto intencional le acarició la mejilla y le apretó la mandíbula, levantándole la cara forzosamente y penetrando con su mirada azulada y su mente disciplinada hasta los átomos de la niña.
Qué te ha enseñado tu padre?
Callar los sonidos para que duerma bien,
Qué te ha contado sobre nosotros?
Que oimos cosas que los demás no oyen, que un día iba a explicarme la razón, que me iba a enseñar muchas cosas.
Las lágrimas deslizaron hacia sus orejas. Estela le soltó la cara y le pasó un caramelo de menta, sin suavizar su aspecto ni su expresión. En ese momento apareció Tisbea, furiosa, agarrándole a Katia por el hombro y dirigiéndola hacia un tío que se la llevó del funerario.
Eres la última del estirpe. El pensamiento nítido de Estela resonó en su cabeza mientras escuchaba la voz iracunda de su madre retando a la señora mayor. El caramelo le quemó la lengua.

La voz de Estela en su mente y el silencio preñado y perfumado del funerario volvieron al recuerdo de Katia mientras acariciaba el paquete.

"Me pregunto porque me habría escrito" dijo, buscando como abrir la caja.
"Probablemente pedir absolución, puesto que murió de una linfoma en 99"

Wednesday, September 20, 2006

Fragmentos de: La Raiz de Nenisha (titulo "working")


El siguiente texto compone parte de un cuento de ciencia ficcion que ha estado en varios procesos de elaboracion y abandono desde hace mas que 10 años. Voy a seguir agregando partes y eventualmente darlo algun tipo de orden sucesiva



No fue un sonido que oyeron, mirando pausadamente por las ventanas anchas de la nave celeste que flotaba poco fuera del roce gravitacional del planeta. No había realmente un sonido que los podia alcanzar a esta altura y en el vacío. El sonido, el grito, reverberaba en cada atomo de sus cuerpos, un eco del llanto del planeta que los había formado. Alzaba la vibración. Doblaba y expandía la rabia antigua de la Mátera, levantandose en una onda dirigida a los invasores cuya guerra había diezmado sus hijos. En el planeta miles de volcanes se desencadenaron en coro horrible, escupiendo cenizas y humo hacia la atmósfera que desde su perspecitva alta parecía a los sobrevivientes como nubles pequeñas moviendo sobre la superficie.
Los sobrevivientes observaron las grietas que abrieron en los tres continentes mayores, como si un lapicero grande rayara y mamaracharra los platos telúricos. En la nave circulaban sus pensamientos conectados, formando un esfera de confusión que encerró el grupo de doce. Solo Nenisha sabía lo que pasaba, incapaz de desconectarse del cristal que amplificaba su fuerza psicokinetica para dejarla pilotear la nave. El cristal también amplificaba su telepatía natural, y por eso vio y oyó claramente como las fisuras abrieron y tragaron los invasores. Como sus fortalezas desmoronaron. Como fuego derramaba de los cerros alrededores, corriéndolos hasta el mar que hervía negra y furibunda. La Mátera lloraba lluvias torrenciales convertidas en ácido con las nubes tóxicas de los volcanes. La piel de los invasores del planeta vecino, quemaba, llagas abrieron en sus caras y manos. Sus gritos de guerreros fueron tragados por el llanto cosmico del planeta que vengaba la perdida de sus hijos, cuyas voces la acompañaba en trescientos años tardíos, desde que con la ayuda de los cristales ella despertó la voz-raiz de cada uno. Sólo Nenisha atestiguaba de la manera brutal e impiadosa en que la Mátera despachaba de los hijos de su hermano de al lado, el planeta cobrizo, que habían atrevido a traer sus armas y su gula. Los quemó, los envenenó, los tragó, los rompió, los ahogó Soltó bacterias escondidas que les hizo sangrar por cada orificie, abrió sus cajas secretas de pestilencia que destruían y infertilizaban los suelos. Arrastró el mar por encima de las costas, derramandose sobre las montañas y salando los cultivos. Todo eso ocurria en el espacio de tres dias mientas los sobreviventes oyeron el grito paralizante, viendo desde el alto-atmosfera los desastres como movimientos paulatinas. Nenisha, fusionada al cristal, penetraba por las vibraciones intensas del planeta gritó en sincronización, con una voz no suya inquietando la Anacala, una muchacha de 18 años que se le había declarado "hermana mayor" y que había vuelto de la confusión de la ventana para acompañarla a la niña, la única movedora viva y por eso a pesar de sus ocho años, la única que podía pilotear la nave. Las tres trenzas de su cabello se deshicieron, su cara estaba cubierta del sudor y sus ojos azules se pusieron completamente negros. Todo eso le daba un aspecto salvaje. Anacala trataba de alcanzar los pensamientos de Nenisha, pero esos fueron sellados por la fuerza desprendida del cristal. Nenisha, estaba fusionada completamente los pensamientos del planeta, La Mátera la tenía en su brazo, para que lo viera todo. Anacala trataba de hablarle, primero en denólica, para saber que pasaba, y luego en lisoática para alcanzar sus emociones. Nenisha no reaccionó, su mirada negra fijaba en un punto interno mientras su expresión se torcia con sus reacciónes automáticas. "Shala Mátera!, calia ma Nenshi!" gritó la adolescente, "Gran madre, recuerda tu hija Nenshi" suplicó agarrando los brazos de la niña. Los gritos auditivos llamó la atención a Ceti, el mayor del grupo, que dejó la ventana para investigar. "Qué pasa? Anaca" dijo en denolica, el lenguaje designado a investigación y datos, atónica y simétrica. "Mira a Nenshi!" Ceti inclinó para verla de cerca, concentrándose en invocar el tetricinio, lenguaje antiguo designado a la Mátera y sus sacerdotes. Era cosa que los interpretes invocaban sólo en extremas circunstancias. "Mátria ixta, faie" "Mátera nuestra, hable" el comienzo de una invocación de los oráculos. Acariciaba la fuente mojada de la niña, con dos dedos y susurraba otra vez en tetricinio "Mátera ixta faie, faie suxta alantae" La cabeza de la niña se alzó, paralizando al interprete con su mirada. La voz magnetica y profunda que le salió de la boca hizo temblar toda cosa metálica incluso las paredes de la nave, la medalla en el pecho de Ceti y la pulsera que llevaba Anacala con el nombre de su amado, muerto en la guerra.

"faie Mátera suxta," "habla vuestra madre" comenzó la respuesta, atraendo los sobrevivientes restantes que ocupaban la otra sala. "alanta, ista faxinta, are intaran, Ista faxtina, vexinte" "Lamento mis hijos que han muertos y mis hijos que huyen" vraca chaja, nixta faxinta mishne intaran," "el castigo será que los hijos de mi hermano se mueran" "tonce ista intaren exi" "Asi mi vida termina"
exi? La pregunta entro el esféro telepático entre los oyentes y circulaba "como que termina?" todos miraban a Nenisha esperando respuesta que no llegó. Nenisha se paró recta como estatua de piedra, repitió una vez más la ultima frase "ista intaren exi" "asi mi vida termina." Silencio siguió hasta que Nenisha colapsó en el diván. Sus ojos despejaron, volviéndose otra vez azules, y se los cerró dormida.


Cristobal la miró detenidamente mientras Katia amontonaba papeles. Estos son copias de los originales que me entregó mi abuela, hice anotaciones. La clave de tu rareza está acá"Y por qué me muestras estas cosas?" Hojeó una de las carpetas con cierta indiferencia.
Para que puedas aprender de eso, y sabes que no tienes que hablarme, te oigo puso un dedo sobre su sien acá Oye sabrás tu segunda capacidad?
"Mi qué?"
Tu segunda capacidad, hay una capacidad de que nosotros los hijos de Nenisha y los otros sobrevivientes tenemos. En la Mátera fue una clave para su estructura social
"Yo no tengo ninguna "segunda capacidad," y qué es la Mátera" daba una vuelta nerviosa hacia la puerta.
Es el nombre del planeta del origen del grupo, creo que significa madre, oye hueón porque no me hablas así pues, y sí tienes una segunda capacidad, quizás no lo has descubierto. Quieres ver la mía
"Cual tuya, planeta? Como? Oye mujer pero creo que estás loca." Abrió la puerta.
Suena como una locura pero hay toda una historia, cuando lees estos papeles, tocó el montón de carpetas que dejó sobre el escritorio. Todo va a tener sentido perfecto.
"Mira no sé de qué cosas me estas tratando de convencer, pero no creo en estas cuestiones" tornó hasta la puerta, pero ésa, y las ventanas se cerraron a golpe, por su cuenta. El sonido le chocó y quedó mirando, primero a la puerta y después a la mujer. Katia estaba de pie, silenciosa y inmóvil en el centro de la sala singular que fue en realidad todo su espacio de vivienda. Tras de ella, una de las carpetas de plástico se levantó sólo y movió por el aire de la sala, llevado por una mano invisible. Katia, sus ojos negros como lagos nocturnos dijo con voz plana y triste.
"Esta es tuya" La carpeta se le acercó, empujándole en el pecho. Cristobal entendió que el objeto estaba conectada a ella por hilos invisibles. Se paralizó, la carpeta en sus brazos. Los ojos de Katia se esfumaron, se despejaron y volvieron a su color normal. "No tienes que hacer nada, solo pido que lo leas esto" Dio una vuelta y reabrió las ventanas, esta vez con sus manos. Cristobal empujo la carpeta en su mochila y salió.






Katia se acostó y trató de desviar el tren de sus pensamientos hacia sus estudios, su trabajo, cualquier otra cosa, queriéndose olvidar de Cristobal por un momento. De hecho en su búsqueda frenética para "gente como ella" nunca se le había ocurrido que no compartirían su fervor al conocerla.
Katia. Sintió la palabra como un soplo que corrió los otros pensamientos. Dio una vuelta en cama y se cubría más con la frazada. Perdóname.
No te exijo nada Cristobal, si no quieres saber, no te lo voy a forzar.
Es que, me he acostumbrado a no hablar de eso, a fingir sorpresa a lo que la gente dice sin dar indicio que ya lo había oído antes, en la barajada de sus propios pensamientos.
Cristobal, está bien, digo.

Pausa,
Katia dio otra vuelta y cerró sus ojos.
Me pasó algo raro hoy, y necesito tu ayuda.
Katia abrió otra vez los ojos y prendió la lámpara levantandose.
Katia?
Ya, y qué pasó?
Estuve leyendo algunas de los apuntes que me entregaste, te acuerdas del dibujo que copiaste del diario original?

Bueno algo de eso me llamó la atención y lo seguía mirando, detenidamente. De repente, no sé lo sentía cambiar. Adquiría sentido, sentí que no era dibujo sino palabra.
Que palabra?
Algo como llanto o lamento. La palabra en realidad se pronunciaba alanta, pero significaba lamento.

Katia se levantó más
Y cómo sabías eso?
Lo sentí nada más, lo miraba y empezaba a tomar forma, primero en mi mente, después en mi boca.

Pausa
Eres interprete Cristobal
Pausa
Los interpretes eran los que podían invocar lenguajes, no necesitaban aprenderlos, los invocaban con su fuerza mental y podían hablar y comunicar con todos. Está en uno de los diarios, y yo sé que lo apunté en los archivos.
Segura?
Es uno de las capacidades de que habla Nenisha en sus diarios, su padre era interprete, su madre kineticista como Nenisha y como yo.
Pausa
Mira, tienes un menú de restorán chino en tu casa?
Sí,
Búscalo y ver si tiene algún alfabeto chino.
Paz comida....An Fan eso es lo que dicen los símbolos.
Ves, este es tu segunda capacidad.
Pausa
Pucha pensaba que sería algo más cool, como el tuyo
Katia sonrió a pesar de sí.



Cristobal se quedó mirando las tres telas de Ninesha que Katia había colgada de la pared de su departamento "Hay como dieciocho más, estos me gustaron mucho. Me imagino que este," señaló desde su escritorio la primera en la fila, más cerca de la puerta "debe ser algún tipo de mapa astronómico, es muy preciso como indica constelaciones. Me pone a pensar si no estaba describiendo el cielo sobre Escocia, debe ser una imagen del cielo que se veia de su planeta. Imaginate cuán cerca sería en este caso, dado que al pie izquierda se ve el orion, aunque un poco invertido"
"Ninguno," dijo en voz plana "es un mapa demostrado la ruta que tomaron. Mantuvieron a Orion a su espalda, era punto de orientación porque se los veía desde ambos planetas"
Katia dejó caer su lapicero "Cómo es eso?"
"Mirá" dijo Cristobal indicando una serie de rayas, curvas y puntas que retrataba la tela, "Este es un lenguaje," "Este dice "Mátera," este otro dice "Terra," Estos tres rayos indican la ruta, las estrellas acá y acá son puntos de orientación porque la escritura dice "ángulo 25, 66, y cenit." "éstas" pausó, examinando curiosamente, Katia habiéndose acercado notó la negrura de sus ojos "parece dar nombres, pero que raro...dice "muy bondadosa y serviciable" "timida pero amigable," "no sabe mucho pero le gusta hablar" "tramposa" y "malvada, evitala como sea."
"Son planetas quizas, que toparon en el viaje" puso Katia
"Pero mira, los planetas son de color verde, y tienen este símbolo, un rayo con tres puntos, al lado de su nombre. Las estrellas, como esas de orion están indicados con cinco puntos diagonales como un dado. Estas comentarios se asocian con estrellas."
"O quieres decir que para Nenisha y los sobrevivientes las estrellas tenían "caracteres," como es eso?"
"No sé"

Monday, September 18, 2006

No ha cambiado mucho, ha cambiado todo.

Bienvenidos amigos a mi nuevo blog. Pasenle, disculpen las cajas en el piso. Hay un gato por aqui, cuidado no pisarle la cola porque se pondra triste y estara cantando decimas hasta la medianoche. Despues de abandonar el proyecto del silencio, (por nada sino mi mala memoria, cada vez que me saludaban conteste, y con mala suerte vivo en el pueblo mas amigable y al mismo tiempo mas indiferente de Canada. Todos se saludan y preguntan por su estado, pero a nadie le realmente importa) decidi guardar el blog y convertirlo en una extension al Space que guardaba en ano pasado. Aqui intento poner en practica otra vez mi obsesion con el castellano, escribiendo lo mucho que pueda y al mismo tiempo proveniendo una lupa cultural poco comun: una canadiense, nacida en la axila de Winnipeg, de origen ukraniana-escocesa-polaca, escribiendo para un publico latino, fascinada sobre todo con Chile. Si los labores de mi tesis graduada no me absorben completamente, voy a ser mas pendiente a esta que aquella otra.

Pax humana
Barbara

Thursday, September 14, 2006

Montreal, ciudad querida,

Ciudad de inviernos frios y otonos de fuego bronce. Ciudad de alborotos estudiantiles, bacanales y festivales. Ciudad de franceses y ingleses, de judios y palestinos, de putas y sacerdotes, de feministas y separatistas. Ciudad donde bajo Jesucristo de su cruz para extraviarse en los tuneles del metro escupiendo y gritando profecias del apocalipsis. Ayer te abriste otra vez con balas. Que hay en ti que engendra tanta furia en tus hijos. Por dos anos caminaba sobre tu pecho una y otra vez sintiendo tu rabia como algo palpable: el olor a meado, un acido a flor de piel, un sabor agrio y quemante en la boca, en los dedos y los labios. Inspiras chuchadas mi Montrealito, inspiras sacrilegios de todo tipo. Por que te gusta invertir las cosas? el amor como tortura? el placer como obligacion y agotamiento? palabras santas como profanidades? La violencia brota sobre ti como una lenta sonrisa, abres tus llagas como si fueran los labios vaginales de una amada, derramas sangre como una cancion borracha. La manzanas gordas de conocimiento se caen, disparadas, frases memorizadas de Hegel, de Einstein, sangrando de las cabezas viejas de adolescente. Te acuerdas las ninas cierto, las ninas que comiste ese dia en diciembre, por ninas las comiste, por ninas y nada mas. Ahora son blancas como sabanas, ahora son nubes grises, alas de ceniza, dientes de nieve. Ahora que has comido una nina mas, acuestate en tu hamaca de hilos argentinos, el rio de recoge en su brazo.

14 septiembre 2006