Anacala
Fue Anacala la primera en separarse del grupo durante el segundo invierno de su llegada. Como todo resistente era de naturaleza inquieta, habiendo sido entrenada desde niña para ser en las primeras filas de riesgo. De hecho, antes de la guerra cuando todavía existía las misiónes de cambio entre la Mátera, El Planeta Cobrizo y La Lámpara de Azucar, el planeta más visible desde la Mátera, los resistentes solían ocupar parte del equipo de exploración con los interpretes que perfeccionaron el arte de diplomacia los astrocartógrafas que tenían mapas estelares escritos sobre sus cerebros, y movedores que cuidaron las naves. Durante las primeras semanas en el nuevo planeta Anacala, junto con el joven interprete Nitiche exploraron los pueblos alrededores del bosque de Dunsimuir, Escocia, donde habían aterrizado duramente, matando cuatro de los doce exiliados incluso el único curandero. Fueron ellos los que encontraron la granja del Viejo Martin, atraidos por los pasos de los caballos e por ende iniciaron la entrada del grupo de exiliados en la sociedad humana.
Durante el primer año Anacala y Nenisha eran las únicas que salían. Los otros sufrían de las gripas constantes que les infectaron gracias a la infamiliaridad de sus organismos con la bacteria terrestre. Aunque tuvieron la suerte de llegar después del epidémico de tuberculosis que llevó tres de los cuatro hijos del Viejo Martín y después su esposa Elizabeth, en el ambiente nuevo y en el invierno húmedo escocés se contagiaron rápido en círculos interminables: uno ya repuesto recontagiándose con uno todavía agripado. Nenisha siendo niña repuso increíblemente rápido en comparación con los demás. El primer enero, durante la época más oscura y fría del invierno, dos miembros del grupo, un temporalista de 40 años llamada Firöe, y una geocartógrafa, Kivla se contagiaron con la pulmonía y murieron bajo el techo del anciano domador de caballos que recibía a esa banda extraña con la franca hospitalidad de esa gente brusca y acogedora. El Viejo Martín vivía sólo, su único hijo viviente había viajado para América. Con Ceti se hicieron rápidamente amigos y aceptaba a su "familia" como el suyo propio. Enseñó a Nenisha y a Anacala a montar y cuidar caballos, cosa que a Anacala le gustó muchísimo. El Viejo Martin brindaba mucho cariño a estas niñas de buena constitución física aunque ni Anacala ni Nenisha entendían una palabra de inglés y él no entendía los lenguajes raros que hablaban, los que Ceti llamaba "escandinavo."
Anacala y Nenisha juntas se exploraron los bosques, y luego los pueblos alrededores: Lauder, Millberry y Gulliver. Comían los panes dulces, las galletas de harina y mantequilla, los caldos de pescado y papa, y las frutillas y frambuesas rojas que vendían en los mercados poblanos. Una día, durante Lughnasadh, la fiesta equinoccial de Septiembre, un muchacho deslumbrado por el pelo liso negriazul de Anacala le regaló una botella de vino de cassis de la cosecha reciente que compartían las dos niñas al lado del río inocentemente pensado que era jugo. Volvieron de noche tambaleándose y muertas de risa provocando la curiosidad de Ceti y la ira de Nitiche cuyo reclamo disolvió en un huracan de toses. El día siguiente amanecieron las dos vomitando y con nauseas. La caña era una de las pocas cosas que Anacala no resistía.
Esos formarán recuerdos alegres para Nenisha que llenarán sus diarios muchos años después en España, Anacala ya muerta. En el invierno del segundo año, algo empezaba a cambiar. Anacala salía al amanecer y no volvía hasta la hora del almuerzo. Nenisha notaba un cambio en ella inmediatamente, dejaba cerrada su mente a los demás incluso a ella, y cuando Nenisha le preguntaba de sus desapariciones, daba la misma respuesta "Estudiando el planeta." Una madrugada de Enero, Nenisha despertó de una pesadilla gritando en voz alta. Anacala apareció a su lado ya vestida en ropa de montar, una saya de pellejo de conejo le cubría el cuerpo desde el cuello hasta las botas.
Shhh...por favor no grites, vas a despertar a Ceti...otra pesadilla?
La misma...estuve en la cueva otra vez, mi papá me estaba buscando, estaba todo oscuro.
Anacala acariciaba la frente de la niña esta bien, tranquilízate hermanita, duerme.
¿Sueñas a veces con los campamentos?
A veces, pero sabes que soy una resistente, aun psicológicamente ninguna herida me dura mucho tiempo. Anacala abrazó a la niña Aquí te paso un poco de mi resistencia en contra de los sueños malos ok?
Sha nia, Los dedos de Nenisha rocía la saya de pelo animal mientras resonaba en su mente la frase lisoática "hermana grande" donde te vas?
A explorar no más
Te acompaño
No, quédate acá Nenshi tai nia, mira yo puedo manejarme bien, pero una movedora y además una niña corre suerte allá en los escarpados, hay animales salvajes.
"Hago volar los animales si me amenazan" dijo en voz alta "tu no. Solo esperas que te aburran de comer" Una pelea constante entre ellas, quién corría el más riesgo. En el cuarto de al lado se rompió y se recompuso el flujo de ronquidos de Ceti y Calira, la astrocartóloga que finjaba ser su esposa,. Nitiche con su verdadero hermano gemelo Paiche y el Viejo Martin compartia el tercer cuarto.
En lisoática, el lenguaje de dulces afectividades susurró "Te extraño Sha nia, ya no vagabundeamos con antes, últimamente te has puesto como imazi, fantasma"
Anacala suavizó, viendo que no podia disuadir la niña que había adquirido una porción de su testarudez.
Te voy a traer, pero lo que ves, debes guardar en tu mente secreta. No le reveles a nadie, especialmente a Ceti y a Nitiche. Le halló una saya similar que le protegería de los vientos invernales. Nenisha puso un par de botas y pantaletas de lana y amarró el pelo bajo una capucha.
El aire estaba helado a esta hora. La luna llena se pausó sobre el horizonte, el sol ni una sugerencia todavía. Sigilosamente Anacala guiaba su caballo por el sendero silencioso que conducía al río, con Nenisha siguiendo. A la mitad del camino, cuando ya la casa estaba fuera de visto, Anacala paró su caballo y hizo a Nenisha parar. Ahí por fin abrió una parte de su mente secreta. Nenisha abrieron grandes los ojos
¿Estás aprendiendo el lenguaje de los terrestres? ¡ Esto es prohibido!, ¡tu conoces las leyes de los oficios!
Sí, conoci alguien que me lo ha dedicado a enseñar. Mira Nenshi, en la Mátera hablábamos dieciséis idiomas. ¿Por qué será que no puedo aprender el idioma de esa gente, vamos a estar acá indefinitivamente, ya no podemos seguir con las mismas reglas de allá, dependiéndonos de gente como Ceti y este troglodita Nitiche, sabrás que el otro día el tipo ese se atrevió a hablarme en Salicia?
Oyendo el nombre del lenguaje erótico Nenisha se explotó con risa
Y que dijo...
Estupideces, este huevón debe aprender a citar correctamente de Las Alegrías de la Noche si me va a venir sugiriendo las prácticas. Mira Nenshi, tenemos que hacer todo lo necesario acá para sobrevivir. La nave está en pedazos, el cristal esta no se sabe dónde...La Mátera...pues...ya no. El Viejo Martín administró medicinas a Firöe y Kivla cuando estaban ahogándose en sus propios cuerpos. En la Mátera este no se permitiría porque es oficio de curanderos, y él es "animalista": intérprete de bajo nivel. Para ellos es mejor dejar que nuestra gente muera que pisar el territorio de un oficio no "natural."
Había otra cosa que Anacala no decía, Nenisha percibía algo más en su mente secreta que dejó escondido. Se dio cuenta rápidamente cuando alcanzaron el río donde le esperaba Stephen Douglas, el flemático hijo menor del vecino del Viejo Martin. Este no tenía la capacidad de esconder sus pensamientos y Nenisha vio y sintió claramente el nerviosismo de la anticipación que le brindó color a las mejillas cuando se acercó la Anacala. Un beso de saludo en la mejilla le surgió otra memoria de otro beso más profundo que los dos compartieron en sus madrugadas secretas en la orilla del río.


1 Comments:
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