Saturday, September 23, 2006

Katia Parte 2, Petra.


"Vas a creer? Mamá quiere que yo compre mi propio vestido para la gala de graduación"
Petra saca una naranja de la refrigeradora de su hermana, taladrándola con una uña recién pintada.
"Utiliza eso mujer," Katia le pasó una cucharada "Vas a arruinar estas uñas que me costaron 45 dólares. Y eso por qué?
"No le gusta el que escogí. Mira, hace una semana fuimos a esa nueva tienda de bodas..." "Bodas?" Katia levantó una ceja curiosamente, abandonado su lectura de filosofía cuyo examen final acercaba.
"Yo sé que estás pensando telépata, y no es asi, ése fue la única tienda abierta que tenía vestidos formales, bueno hallé uno perfectísimo, en oferta! Esta cortado bajo en la espalda, y es un color fantástico, algo púrpura, pero más oscuro"
"Como berengena"
"Exacto, en mi se veía regia....re-gi..a, como una de las señoritas espías de James Bond.
"Y?"
"y el corte del cuello es un poco largo"
"Cúan largo?"
"Hasta el ombligo"
"Ah"
"Mamá dice que es "barato", y no en sentido bueno"
"veo"
"dice: ‘no voy a permitir que te hagas putita, oiste?’"
Petra caminó hasta la cama, una camilla estrecha que ocupaba la pared opuesta del escritorio, y se colapsó, no con poco drama. Partió la naranja desnuda y metió un pétalo en la boca, chupándolo.
"Dicen que tus padres deben celebrar tu graduación, es donde una niña se convierte en mujer. Es un rito de madurez, una ceremonia importantísima como la primera comunión, una boda o un bar-mitzvah y mamá quiere hacerse tacaña sólo porque no me quiero lustrar como muñequita de porcelana."

Katia inclina sobre su texto filosófico haciendo apuntes en su cuaderno. Era el medio de abril y su hermana había venido a Vanier a visitarla para el fin de semana para sacudir "el polvo provinciano," y buscar aventuras en la ciudad porteña que orillaba un pacifico gris y poco romántico. Vanier era una ciudad de aspectos igualmente tristes y sublimes. Estaba rodeada de las magníficas Montañas Costeras, orillada por el mar y cortada en varios pedazos por tres estuarios y un río. Toda esa agua, sin embargo, en invierno se convertía en una llovizna ubiquita y constante que helaba hasta huesos y mojaba cada trozo de ropa. Agregada a eso el nublado perpetuo del ambiente nortepacifico mantenía los Vanerinos en permanente estado de melancolía. La ciudad con sus rascacielos de vidrio desde lejos, tenia cierta calidad cristalina, pero eso se convirtió en el gris férreo y prepotente que dominaba cada vista y continuaba hasta el cielo. Para Petra, sin embargo, Vanier fue el sede de mil posibilidades exitantes. Colona era una ciudad pequeña de 80,000, cuya fuente principal de actividad fue el mercado de la calle Colombia, y por supuesto, la playa pequeña al borde del río verde en el sitio donde unía con el río azul. Para Katia ir a la universidad en Vanier y no la Escuela Superior de Colona fue un compromiso personal, la manera en que podría estar cerca de su familia, y al mismo tiempo suficientemente lejos.

"Mamá dice que no le estás hablando" Katia tira cuaderno y lapicero sobre su escritorio.
"De veras?"
"Si,... hay alguna razón?
"No es que no le estoy hablando, estoy ocupada, tengo mi primer examen en dos días y pasé la semana santa en Colona ayudándole con la mudanza...dice que no le estoy hablando?"
"Dice que saliste volando de Colona como si fuera...bueno Colona,"
Petra puntualizó sus palabras con una chupa de la naranja.
"Ah por supuesto!" explotó "ves que el caso de Katia Escobar, paciente #201-B es clásico, rebelde adolescente, bipolar, compulsiva, neurótica. No es que la buena doctora hubiera hecho algo para enojarme, son mis problemas emocionales, las hormonas, el complejo de Eléctra."
"ay ay, tranquila hermanita, no te alteres conmigo, solo te estoy contando lo que a me dijo"

Katia respiró profundamente, inclinando en la silla "recibí un paquete de la madre de mi padre el día de mi quinceañera que ella guardó secreto. Si no lo hubiera topado ayudándole empaquetar sus vestidos, lo habría botado con la basura probablemente. No me contó nada, ni cuando mi abuela murió. Ella sabía todo. Tuve una abuela, me escribió para hacer las paces antes de morir, y sólo leí la carta hace dos semanas."
Petra no respondió, pero se levantó, sentándose sobre la orilla de la cama y absorbiendo con gula el chisme. "Que dice la carta?"
"Está sobre la mesa"
Petra se levanta y cruce la sala hacia la cocina, que realmente formaba parte del espacio unido. El departamento era una celda de una sola sala menos el baño, pequeñísimo aunque mejor que las residencias estudiantiles. Katia tenía por lo menos una cocina y una mesa, aunque esto luchaba con la cama y el escritorio para cada trozo de espacio. La alfombra morada tenía olor a humo viejo, y manchas de uso, y las paredes eran brillantemente blancas con la frialdad de piedra pintada. Cartas de cumpleaños y algunos dibujos hechos a mano por Katia proveyeron toques de vida humana. Las cortinas daban además un soplo de color, un azul lapislazuli del amanecer vernal, aunque eran demasiado largas, la ventana era de tamaño de una televisión.

"Qué quiere decir con ‘espero que Ud. no siga el ejemplo de su padre’"
"Mamá dice que la familia de ellos tenía la tradición de engendrar un solo hijo, Jacinto debe haber sido el único de mi papá, pero mi mamá quería otro. Después de que nací yo se cortó la comunicación con nosotros. Sólo la vi una vez después de la muerte de ellos"
"Ah si, me acuerdo algo sobre eso que dijo tío Felipe, pues por lo menos sabes algo de tu padre, del mío sé ni pico."
"Yo sé quién es, es Jean Reno."
"No es Jean Reno," Petra le lanzó una almohada que Katia evitó girando la silla.
"Sí es cierto, cuando Mamá hacia su doctorado en Los Ángeles, era la psicóloga de las estrellas, y se enamoró con sus profundos ojos franceses "
"No creo, siempre dices eso. Esta es cosa que no podrías saber, dado que, como dices, mamá tiene una mente como un laberinto."
Katia se puso seria "Muchas veces, cuando menciona algo sobre mi infancia intento ver mi papá en su memoria, pero la cosa es que, no es que lo haya olvidado, pero no le recuerda, lo ha enterrado. La mente de mamá es como una casa de espejos, todo es doblado y retorcido, cada pensamiento es editado y reflejado. Ni es una cuestión de que no tenga emociones. Las tiene, pero tan son tan envueltas en análisis que no sacuden ni un trozo de su estado verdadero. Me pregunto si fue así con mi papá también, si le puede haber engañado sin que él lo supiera"
"No creo eso, mira la tragedia como la pérdida de un hijo tiene dos posibles vías de efecto, una es que hace que la persona aprecie más la vida, y se vuelve más sabia, otra es que la persona se selle completamente, su afectividad queda completamente enarenada. Mamá es el caso clásico del médico que cura a todo mundo menos a sí misma."
Katia se quedó callada, reflexionando y Petra continuó
"Además, dicen que los videntes, ven los destinos de los demás pero no ellos mismos, yo creo que este es la cosa tuya, tal como no puedes usar tu fuerza mental para volar, aunque puedes hacer que un auto se levante en plena calle. Siempre hay una debildad, algún lugar donde nos fracasamos, es lo que nos hace humano. Yo por ejemplo, admito, que no puedo tocar la guitarra" "Nunca aprendiste a tocar la guitarra, nunca te ha interesado!"
"Exacto, ves lo que dije"
Katia le lanzó misma almohada. Petra recibio el golpe doblada de risa.

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