Montreal, ciudad querida,
Ciudad de inviernos frios y otonos de fuego bronce. Ciudad de alborotos estudiantiles, bacanales y festivales. Ciudad de franceses y ingleses, de judios y palestinos, de putas y sacerdotes, de feministas y separatistas. Ciudad donde bajo Jesucristo de su cruz para extraviarse en los tuneles del metro escupiendo y gritando profecias del apocalipsis. Ayer te abriste otra vez con balas. Que hay en ti que engendra tanta furia en tus hijos. Por dos anos caminaba sobre tu pecho una y otra vez sintiendo tu rabia como algo palpable: el olor a meado, un acido a flor de piel, un sabor agrio y quemante en la boca, en los dedos y los labios. Inspiras chuchadas mi Montrealito, inspiras sacrilegios de todo tipo. Por que te gusta invertir las cosas? el amor como tortura? el placer como obligacion y agotamiento? palabras santas como profanidades? La violencia brota sobre ti como una lenta sonrisa, abres tus llagas como si fueran los labios vaginales de una amada, derramas sangre como una cancion borracha. La manzanas gordas de conocimiento se caen, disparadas, frases memorizadas de Hegel, de Einstein, sangrando de las cabezas viejas de adolescente. Te acuerdas las ninas cierto, las ninas que comiste ese dia en diciembre, por ninas las comiste, por ninas y nada mas. Ahora son blancas como sabanas, ahora son nubes grises, alas de ceniza, dientes de nieve. Ahora que has comido una nina mas, acuestate en tu hamaca de hilos argentinos, el rio de recoge en su brazo.
14 septiembre 2006


1 Comments:
Bastante surtida es montreal, me recuerda a las gragueas de todos los sabores que salían en Harry Potter.
Parece que tiene de todo un poco, sin llegar a tener demasiado.
Un abrazote,
Daniel Alberto Silanes Puentes te leyó.
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