Wednesday, November 15, 2006

Este poema es uno de mis favoritos, de tono igualmente macabro como feminista. Fue escrita por la poetisa/novelista Canadiense Margaret Atwood. Puesto que lo mencione en un post anterior, decidi ponerlo aca y practicar ademas mi traduccion ingles castellano. Responde a mi sueno secreto de promocionar la literatura canadiense (la que no sea completamente fome) al mundo hispano. El texto puse chico porque los versos son largos y se revolcan cuanto trato de poner una fuente grande.

El original en ingles se encuentra aca:
http://www.poetryfoundation.org/archive/poem.html?id=177287

Casada al ahorcador

Jean Cololère, tambor en las tropas coloniales de Québec, fue encarcelado por duelo en 1751. En la celda del lado estaba Françoise Laurent,condenada a muerte por robo. Salvo por cartas de absolución, la única manera en que alguien bajo pena de muerte podria escapar la ahorca era por un hombre, tomar la posición del ejecutor, o por una mujer, casarse con uno. Françoise convenció a Cololère a postular por la posición vacía y indeseable y casarse con ella.


La condenaron a muerte, a la ahorca. Un hombre
puede escapar esta muerte tomando la posición del ahorcador, una
mujer, casándose con el ahorcador. En este momento presente,
no hay ahorcador; así no hay escape.
Solo hay la muerte, pospuesta indefinitivamente. Esta no es
fantasía; esta es historia.


Vivir en la prisión es vivir sin espejos. Vivir sin espejos es vivir sin el ser.
Vive abnegada, sin ser, halla un hueco
en la pared de piedra y al otro lado de la pared, una voz.
La voz emerge de la oscuridad y no tiene cara.
Esta voz se convierte en su espejo.


Para evitar la muerte, su muerte particular con
cuello torcido y lengua hinchada, tiene que casarse con el
ahorcador. Pero no hay ahorcador, primero tiene que
crearlo, tiene que convencer a ese hombre al otro extremo de
la voz, de esta voz que nunca ha visto y que nunca
le ha visto a ella, esta oscuridad, tiene que convencerlo
de renunciar su cara, cambiarlo para la máscara
impersonal de la muerte, de la muerte oficial que tiene ojos
y no tiene boca, esta máscara de lepra oscuro. Tiene que
transformar sus manos para que voluntariamente torcieran
la cuerda por los cuellos, cuellos señalados
como el de ella, cuellos que no son de ella. Tiene que casarse
con el ahorcador o con nadie, pero está tan malo eso? Con quién más
se va a casar?


Te preguntas de su crimen. La condenaron
a muerte por robar la ropa de su patrón, de
la esposa de su patrón. Quiso hacerse bonita.
Tal deseo en las criadas no era legal.



Utiliza su voz como una mano, estira su voz
por la pared, acariciando y tocando. ¿Qué habría
dicho para convencerlo?.
A él no le condenaron a muerte, la libertad le esperaba.
¿Qué fue la tentación que funcionó?
Quizás quería vivir con una mujer cuya vida
había salvado, que había mirado
hasta el fondo de la tierra y que sin embargo había subido con él hacia la vida. Era
su única oportunidad para ser héroe, para una persona por lo menos
porque si se hiciera ahorcador, los otros
le odiarían. Estaba encarcelado por herir otro hombre,
en el dedo de la mano derecha, con una espada.
Esta también es historia.



Mis amigas, mujeres las dos, me cuentan sus historias,
que no se puede creer, que son la verdad. Son
cuentos de terror y no han pasado a mí,
todavía no han pasado a mí, han pasado
a mí pero somos desconectadas, miramos nuestra
incredulidad con terror, Tales cosas no pueden pasar
a nosotras, es el día y estas cosas no suceden en
el día. El problema fue, dijo, que no tuve
tiempo para ponerme los anteojos, y sin ellos
soy ciega, no pude ver ni quién fue. Estas
cosas suceden y nos sentamos en una mesa y contamos
historias de ellas para que podamos creer finalmente. Esto no es
fantasía, esta es historia, hay más que un ahorcador,
y por eso algunos son desempleados.



Dijo él: Fin de paredes, extremo de cuerdas,
abrir las puertas, un campo, el viento, una casa, el sol, una mesa
una manzana


Dijo ella: seno, brazos, labios, vino, vientre, cabello, pan,
muslos, ojos ojos.


Los dos cumplieron sus promesas.

El ahorcador no es un tipo tan malo, fíjate. Después
se va a la refrigerador para comer lo que sobra,
aunque no limpia lo que mancha por accidente.
Quiere cosas sencillas: un sillón,
alguien que lo quite los zapatos, alguien que lo mire
mientras habla, con admiración y temor, gratitud si
es posible, alguien en quien sumergirse para descanso
y reanimo. Estas cosas, mejor se encuentran casándose
con una mujer condenada a muerte por otros hombres,
por querer ser bonita.
Hay una opción amplia.


Todos lo llamaron tonto
Todas la llamaron lista
Usaron el verbo "enredar."


¿Que dijeron la primera vez que estaban solos,
juntos en el mismo cuarto? Qué dijo él cuando
ella se quitó el velo y pudo ver
que no era una voz, sino un cuerpo y entonces finita?
¿Qué dijo ella cuando descubrió que dejó
una celda cerrada por otra? Hablaron del
amor por supuesto, pero esto no podía
ocuparlos para mucho tiempo.


El hecho es que no hay historias que puedo contarles a mis amigas
para hacerles sentir mejor. La historia no se puede
borrar, aunque podemos tranquilizarnos con
especulaciones. En ese tiempo no existían
ahorcadoras. Quizás nunca han existido
y así ningún hombre podría salvarse la vida por matrimonio,
aunque una mujer si podría, según la ley.

Dijo él: pie, bota, orden, ciudad, puño, caminos, tiempo
navaja.


Dijo ella: agua, noche, sauce, cabello de cuerda, vientre de tierra,
cueva, carne, mortaja, abierta, sangre.
Los dos cumplieron sus promesas.




1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

No ubicaba esta poetisa Margaret Atwood, asi q gracias... uf hace timepo q no hablamos.

Ya saludos. Felicitaciones
Chau

4:08 AM  

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